חבר נפש

‎ Escucho el eco de tus pasos atravesando las calles de una ciudad sin nombre. Me he descubierto respirando de tu oxígeno, percibiendo el calor de tus manos. Imagino que tu mirada es el reflejo de los ríos y mares que convergen para traerte aquí. Imagino que sientes lo que siento, qué sabes que existo, que tu corazón reconocerá la memoria ancestral que nos une. Porque esta sensación de sentirme nómada, de verte en los atardeceres del cielo y en las sombras grises de la luna, se va haciendo ilógica.

Liena T. Flores
Derecho Reservado de Autor

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14 de Febrero

A ti que que andas con la luz rozándote los labios. Tan capaz de desnudarme las entrañas, dejándome inerte, suspendida en el espasmo de los dioses. A ti que me aceptas sin pretensiones, con luces y sombras, a ti te escribo.Y si algún día llegas a extrañarme, ya sabes, búscame en la poesía. Que yo voy dejando retales de vida en los versos. En ellos encontrarás los mismos besos que te han devuelto la vida.

Feliz 14 de Febrero. Amor, luz y progreso para todos.

Liena T.Flores

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Jamás ha mencionado la frágil posibilidad de quedarse para siempre. Creo que ha comprendido mi teoría retórica sobre la pertenencia,aunque por estos días le busco con ese afán libidinoso de inmortalizarme en su regazo. No puedo negarme a su galaxia de alfas, betas y antares. Mucho menos a esa magia que a destellos embarga todo cuanto toca, y esparce vida sobre los rincones más áridos de mi existencia. Aún así, aquí punza el miedo.

Liena T. Flores
Derecho Reservado de Autor

Fotografía: imagen pública tomada de la web

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4 de diciembre de 1921

Una fatídica ola de arrestos saboteó la misión. La organización fue interceptada por el tentáculo bolchevique y bajo las órdenes del General abandonamos Moscú rumbo a la vecina ciudad de Varsovia. Desde mis comienzos en la organización supe que el exilio y la muerte eran los destinos más cercanos, pero jamás imaginé que dolería tanto dejar todo atrás. Irme sin aviso, sin despedidas, y peor aún, sin esperanzas de volver a mi patria. Mi patria que es un alma divida en dos. Un alma sangrante que sufre los azotes del comunismo.

En Varsovia nos recibió el padre Kaspar, que por cierto ha sido nuestro anfitrión desde entonces. Los muchachos visitan el centro de la ciudad con frecuencia. Dicen que es divertida la plaza del mercado en Starowka y que el zurek es realmente delicioso. En cambio yo, apenas he podido ver la luz del sol. Desde nuestra llegada el pasado Octubre estoy confinada a la casa. El doctor Pawel, un buen amigo de Kaspar, dice que tengo la sangre dulce y a ese dulzor le debo este horrible cráter amarillento que ha brotado en mi pierna derecha. No existe remedio para esta enfermedad, solo cuidar de la alimentación; aunque Pawel afirma que unos doctores en Norteamérica han hecho descubrimientos importantes que prometen ser de gran ayuda. Mas el confinamiento no es tan macabro como parece. Estos meses no solo me han servido para leer incansablemente a Tolstói, sino también para beber el té cada tarde junto al General.

Liena T. Flores
Derecho Reservado de Autor

Crédito de Fotografía: Imagen pública tomada de Google.

Continuará…

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Nostalgia

Desperté respirándote. Sintiendo los latidos furiosos de tu pecho sobre mi espalda. ¿De donde ha surgido está paz nostálgica? Aquí están tus ojos desnudos mirándome con el asombro de quien ha descubierto la octava maravilla del mundo. Aquí estás tú, escuchando mis teorías cuánticas del amor y otros rollos; sonriendo, silenciándome de vez en cuando con tus besos. No sé si te extraño. Solo sé que estoy sintiendo cosas raras. De esas cosas que alguna vez soñé y nunca tuve.

Liena T. Flores
Derecho Reservado de Autor

Crédito de Fotografía: Google

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Juro que lo despedí sin vino y sin poesía. Solté las cuerdas que le ataban a mis pensamientos y lo desterré de toda esta catástrofe de inseguridades que provocaba él en mí. Solo deseo que encuentre un buen amor. Que se refugie en el regazo de otro cuerpo y que jamás le rompan los sueños. Deseo que sea inmensamente feliz para que no comprenda por qué aún le escribo.

Liena T. Flores
Derecho Reservado de Autor
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Ciento veinte días

Ahí estaba ella.Saboreando croissants y ojeando un libro como cada tarde que he visitado el café en los ultimo ciento veinte días. Jamás ha volteado la mirada. Aunque de haberlo hecho probablemente no me hubiese visto. A pesar de la distancia respiro el aroma penetrante que transpira de sus poros, y no puedo evitar insignificante ante tantos mundos disfrazados de piel. ¡Hoy luce hermosa! Vestida de gris, con el béret azul añil y unas botas de lluvia color rojo. ¡Lo he decidido! ¡Al carajo con las taquicardias, las manos sudorosas y el temblor en los labios! No soporto ni un segundo más en este anonimato cruel.

Bastaron unos pocos pasos para tenerla frente a mi. Fue entonces cuando sus ojos tristes catapultaron al macho moribundo que llevo dentro y sin reparos pregunté:

-¿Estás sola? ¿Puedo invitarte a un café?

-No, no lo estoy. Durante los últimos
meses me ha acompañado tu mirada calcinante. He percibido tu dolor, tu miedo, tu curiosidad e incluso tu deseo sacro y natural de poseerme. Es por eso que vuelvo cada tarde. Sólo esperaba que tuvieras el valor de acercarte para que estemos a salvo de una vez.

Liena Tamayo Flores
Derecho Reservado de Autor
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