Habitante

Soy habitante de la Luna. Mi casa, un iglú construido con materia moldeable, está ubicada en la zona Norte de la estepa lunar. Cada iglú está separado del próximo por una distancia de diez pies lunares, creando una extensa colonia ex- terrícola alrededor del Lago Gris, un caudaloso depósito de aguas densas, grisáceas, donde flotan dantescas flores de lotto entre estallidos de luces color neón. Mis contactos más cercanos son los vecinos del ala izquierda y el ala derecha: un anciano cosechador de hortalizas y flores provenientes de la Tierra y un joven solitario qué pasa la mayor parte del destiempo leyendo secuencias binarias, figuras geométricas, decifrando códigos de la creación. Del resto de los humanos conozco poco. He coincidido con algunas familias en el depositorio de agua deshidratada y partículas de oxígeno . Satori dice que a excepción del viejo y el joven, los otros hermanos de la colonia viven anclados al portal de la realidad que vivieron en Magma por tanto no aprecian la liviandad y la belleza del refugio lunar. A propósito, Satori es un nano felino de ojos violáceos, tan blanco que aparenta ser traslúcido. Lo encontré el día cero. Desde entonces me ha ayudado a sobrevivir dentro de este traje protector que llevaré puesto hasta que mis pulmones estén listos para intercambiar gases con la atmósfera lunar. Hoy, he invitado al anciano a beber el té. Satori se peinó la melena frondosa, preparó la mesa y en el centro colocó el recipiente que guarda las centelleantes piedras de volcán. Nuestro invitado llegó en el momento en que desaparecían las flores de loto del lago: una liturgia que sucede cada día en perfecta sincronicidad con la llegada del cansancio y el sueño. Deposité agua deshidratada, flores de lavanda y turrones de miel en conserva dentro de la tetera. El calor de las piedras se elevó en espiral hasta que hizo vapulear el aromático líquido que impregnó de calma la habitación. El anciano se posicionó sobre una manta que había desplegado en el suelo, El Gato, haciendo el tercio, observaba a distancia mientras yo servía el té. Decían los Ingleses que esta ceremonia se celebra a las cinco de la tarde. ¿Qué hora es este instante en el pasado? ¡Quien sabe! Luego Satori me ayudaría con los cálculos y aproximaciones. Ahora tenía frente a mi a un humano con ojos esperanzados, lanzando briznas de nostalgia en cada parpadeo, aguardando por mi compañía y una taza de té.

Liena T. Flores

31 de Diciembre del 1920

Querido X.:

Imagino tú curiosidad al recibir esta carta. Te preguntarás cómo he llegado a ti y admito es una historia increíble. Hace un par de días encontré a Marcos en el mercado de las especias y vaya susto se llevó al verme. Èl, como tú, me daba por muerta. Pasamos juntos la tarde recordando la vida en otros tiempos y no tuvo más remedio que revelarme tu paradero. Después del blue stoke me encerré en casa. Te esperé cada mañana en el zaguán. Bebí todo el coñac y me convertí en una aparición fantasmagórica: sucumbí en el silencio y el alcohol. La guardia nacional fue más de una vez por ti. Ante mi silencio no cesaron las amenazas hasta que un buen día incendiaron el jardín e hicieron añicos los cristales del ventanal. Jordi me ayudó con la huida y tendría que escribir cientos de cartas para contarte sobre los lugares, las gentes, las experiencias que viví. Hoy, solo deseo decirte que llegué a Egipto como habíamos planeado. Me hospedé en un hostal en el centro del Cairo. Allí aprendí algo de árabe egipcio y luego me refugié en Nubia, un pueblo del sur cercano a la ciudad de Asúan. Vivo con una anciana herbolaria que me protege de los más ortodoxos: es difícil ser mujer y extranjera aquí. Sigo cultivando flores en potes de miel y he aprendido sobre la magia de las plantas. ¿ Recuerdas aquellos remedios egipcios que solo existían en el papiro de Ebers según decías? ¡No imaginas cómo funcionan en los enfermos! Ya no te atormento más. Sé que estás sonriendo y dudando del poder que esconde una raíz. Tú que solo ves los rayos del sol mientras yo no dejo de preguntarme cómo hace un astro para emanar tal luz. Es casi media noche. Mañana será el mil novecientos veinte y uno y esta carta llegará a ti algún día de cualquier mes. Te abrazo con el pensamiento. Seguiré aquí, entre las aguas del Nilo y las arenas del desierto. Si alguna vez decides recuperar los diamantes eres bienvenido.

Siempre mía para seguir siendo tuya,

Shakti

P. D. Que seas pleno este y todos los años de tu vida. El poder está en ti.

Silence

Silence beneath, above,

side by side.

Blooming within,

speaking from your eyes.

Silence I sense in your whispers,

you are far from here .

Distance in your touch,

that arrogant pulsation drives our days.

Silence,

solitude,

breaking apart.

Vanished dreams,

the end arrived.

Para saber que existes

A veces basta un instante enmudecido bajo las brumas del incienso. Basta un círculo de fuego, la luz penetrante escurriéndose a través de la ventana, el café a deshoras, la cita a ciegas con un libro, la curiosidad centelleante de descubrir otros mundos lejanos y distintos al mío. Basta una tarde entre las olas para diluir la mirada y los sueños en el horizonte. Basta saber que estás en esa espiral de universos que me habitan, moviendo los hilos invisibles de mi existencia, cubriéndome, llevándome a los sitios que esperan.

Liena T. Flores
Derecho Reservado de Autor0F4CA656-746A-40D9-85EE-15958FC78730