Te espero en las aguas termales de la colina. Recibamos la noche prendiendo una fogata en la planicie, comiendo malvaviscos con cocoa y fresa. En tu regazo nombraré las estrellas del sur. Tú velarás mis sueños y seré tuya hasta el amanecer.

Te espero en las aguas termales de la colina. Recibamos la noche prendiendo una fogata en la planicie, comiendo malvaviscos con cocoa y fresa. En tu regazo nombraré las estrellas del sur. Tú velarás mis sueños y seré tuya hasta el amanecer.

Tal vez te extrañe, no por amor ni por nostalgias, pero si por ratos. Un actor de turno morirá entre bambalinas y la música de fondo no será más que una canción sin nombre. Quedaré justo ahí, bajo las luces tenues del teatro tendida en el diván; despojada de los brillos y las telas para morir una una vez más en el hastío. Tus pasos enfurecidos atravesarán la escena de mis sinsabores para cobrarme las noches de luna y fuego, las tertulias del balcón y el café ricino que compartimos bajo los soles de aquella primavera. No eres el reflejo del ópalo , jamás aprendí a leer las líneas de tus manos, pero tal vez te extrañe por ratos siempre.

Centauro, si atraviesas el camino del bosque encontrarás un par de ojos centelleantes nacidos desde el fuego. Es hermosa, las flores de topacio se han trenzado en sus cabellos rojos; tiene manos cálidas que prometen abrazarse a las tuyas. Verterá sobre tí lava volcánica para derretir los témpanos de hielo donde has cristalizado el dolor de otros amores, y quedaras extasiado con la esencia de tu Ninfa, atrapado eternamente en las aguas cristalinas del arroyo.

Me sabe a fresa y arándanos,
a vientos, rios y montes,
a sal de mar.
Me sabe a noches tórridas
vestidas de miel y flores silvestres,
me sabe a libertad.

La lluvia cae a cántaros, se desliza sobre el follaje y atraviesa la tierra. El sonido estrepitoso del agua y el petricor que aromatiza el aire me transportan a la catarsis que nació con tus besos. Aquellos que humedecieron mi suelo, haciendo florecer desde entonces las ganas de amarte.

Nuevamente Abril coloreando el cielo, derramando en el viento el perfume de las flores y el heno, susurrándo el canto de la primavera. Abril dispuesto a ser tablón para ensayar amores, cubierto de luz y sueños nuevos.

Un atardecer sin nombre me regala el aroma de las flores silvestres. La hierba verde crece erguida desde la tierra húmeda, la sinfonía de los pájaros de invierno sobrevuelan el cielo de nubes multiformes. Respiro una quietud inigualable: he regresado a ti . Tus manos temblorosas y frías contornean mi espalda, me sostienen con la fuerza centrípeta de tu amor gitano. Un clásico despliegue de besos en la nuca. La respiración pausada musitando un te amo.

Anoche pensaba en tí, y pensar en tí de cierto modo es traer tus amaneceres a la vida. Una constelación lejana te dibujo con luces de estrellas, que casi imperceptibles naufragaban en la inmensidad y la quietud del cielo. Te vislumbré y galoparon gacelas en mi pecho. Me abrazaste con el aroma de los lirios, con la hierba fría del jardín, con el viento que zarandeaba la noche. Dicen las voces de los tiempos que donde ha nacido el verdadero amor jamás llega la muerte, que es imposible dejar de amar a un alma con quien hemos compartido tesoros, porque habita un pedazo nuestro allí y viceversa…….
Me dijo te llevo dentro, y esas fueron ciertamente sus últimas palabras. Una mirada salpicada de nostalgias y deseos incumplidos me recorrió de norte a sur, con las ansias de quedarse ahí, atado a cada pliegue, amarrado al alma. No supe que decir en ese instante, hay palabras que no encuentran momentos, o será tal vez que para algunos momentos no existen palabras. Confieso, han pasado siglos desde entonces…

En el silencio del café nacen versos. El humo disipa los suspiros rotos, y un sorbo sucede al otro con tal lentitud, como quien no quiere deshacerse del instante. En esa magia de aromas y recuerdos, de invención y ensueños; atravieso el umbral de las ausencias.
