De este lado del mundo es verano como de costumbre . A menudo se tuercen nubarrones en el cielo y desparraman lluvia para limpiar el asfalto y humedecer la tierra. ¿Has visto la lluvia allí? ¿Has olfateado el petricor que llega cuando sucumbe la sequía? No pocas veces dejamos de apreciar las simples cosas. Hasta que un día desvanecen y la añoranza por tenerlas nos carcome. Entonces se vale jugar con la imaginación. La imaginación bien guiada crea milagros.
Hace media hora te espero en la terraza del Café des Deux-Magots. Llevo puesto el vestido azul marino y un sombrero negro de ala ancha. Cruzaste la acera sigiloso e intentas sorprenderme. Aún no puedes ver los mugritos que el chocolate caliente dejó en mis labios pero sabes que leo a Flaubert. Es un domingo frío y gris. Visitaremos el museo Rodin. Frente a El Beso me abrazarás, y abrazarás el sueño que hemos compartido.
Esta isla caribeña y su calor húmedo me han sustraído de tus brazos . ¿Ves? La imaginación bien guiada crea milagros. En ese París de los años veinte probablemente yo no podía leer ni escribir. Mucho menos soñar con museos y tazas de chocolate. Mi tía decía que a nosotras nos gustaban las mismas cosas: las cosas bonitas. Tal vez porque nuestra sangre mestiza arrastra memorias de pobreza y esclavitud honrar a los ancestros es llegar a los sitios que les fueron negados.
Es tarde aquí. Seguiré escribiendo otro día. Te deseo todo el bien que mereces. Recuerda que Eva no comía manzanas. Y yo tampoco.
Liena T. Flores