Historias sin nombre

Tu última carta me dejó rota, suspendida bajo un éter ponzoñoso que me aprisiona en el absurdo de quererte. Aún recuerdo aquella tarde de Octubre. Llovía a cántaros y Bofilio decidió escapar de casa bajo el torrencial. Ya era un anciano, apenas alcanzó caminar unos pocos pasos antes de quedar atascado debajo del taxi de Leroy. El peludo entró en pánico, comenzó a lanzar unos maullidos despavoridos que hacían eco en todo el vecindario y no tuve más remedio que salir al rescate.Lo abracé en mi regazo y regresamos al diminuto apartamento en la Rue Marcadet que por aquel entonces era nuestro hogar. Bofilio atravesó el umbral de los sueños envuelto en mantas. Sigilosa corrí a la cocina a preparar una infusión, prendí la estufa y en cinco minutos ya hervían los aromáticos tallos de jengibre. Disfruté del té hasta el último sorbo; entonces recordé que Jolette vendría a visitarme y me dispuse a organizar el recibidor. Entre las revistas y el periódico que trajo el cartero en la mañana encontré un sobre azul prusia que para sorpresa resultó ser tu carta. La leí una y otra vez, tratando de encontrar un soplo de amor en aquellas líneas que eran tan frías como el hielo de tu prolongada ausencia. Cantó el reloj cucú, eran las tres en punto y ya podía escuchar los melodiosos puños de Madame Jolette golpeando a la puerta……..
¡Continuará !IMG_5131

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