Cuentos de reinas

 

Desde la trastienda de la casa de campo se escuchan los primeros acordes del cacareo matutino y al unísono  los rayos de sol comienzan a fundirse en el vidrio de los ventanales. Las manos temblorosas de huesos prominentes se deshacen de un tumulto de almohadas y mantas de lana para abrirle paso al cuerpo frágil de la reina octogenaria, quien haciendo uso de malabares y con la ayuda del amigo bastón comienza a andar. Va vestida con una bata de seda roja que bambolea de lado a lado al compás de los cabellos grises. A pasos cortos y firmes atraviesa el umbral hasta llegar al sillón marroquí que está situado justo frente al espejo, el espejo que ha atestiguado la metamorfosis y hoy refleja los hombros marchitos, los pliegues del rostro, y los ojos grisáceos cubiertos de niebla; tras esa niebla vive la risa de una niña traviesa, la rebeldía y el ímpetu de la juventud, el color de los amores eternos, el primer llanto de los hijos, las alegrías, la caídas, y los días de gloria. Hoy es un día más de viaje, las flores silvestres del jardín se van diluyendo en la distancia y el viñedo resplandece. El amor y la sabiduría se atesoran,y los recuerdos se convierten  en heraldos de la existencia, llegan para recordarle  a la vejez cuan hermosa e intensa ha sido la vida. IMG_0896.PNG

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